Elisa Gil Garrido rompe un techo de cristal en la medicina reproductiva: "La equidad en la fertilidad es clave para el futuro de España"
El 12 de mayo de 2024, la doctora Elisa Gil Garrido asumió la presidencia de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), convirtiéndose en la primera mujer en ocupar ese cargo en más de ochenta años de historia de la institución. El hito no solo simboliza un avance histórico en un sector donde el 70% de los profesionales son mujeres, sino que llega en un momento crítico para España: un 10% de los nacimientos anuales en el país dependen de técnicas de reproducción asistida, según los últimos datos del registro nacional de actividad en fertilidad, publicado en diciembre de 2023. Su llegada al frente de la SEF —con solo 42 años— también marca un cambio generacional en una organización tradicionalmente liderada por figuras con décadas de trayectoria en puestos directivos de hospitales públicos.
Gil Garrido, especialista en ginecología y obstetricia con formación en la educación pública, no oculta que su vocación de servicio colectivo tiene raíces profundas. Hija de profesores y con una madre que fue concejala en Logroño, su trayectoria como delegada de clase, representante estudiantil y, más tarde, como residente en ginecología, refleja una constante: "Las cosas hay que pelearlas desde lo colectivo", afirma. Ahora, desde la presidencia, su objetivo es garantizar que ese acceso no dependa de la comunidad autónoma donde resida una mujer. "El Estado de Bienestar se sostiene sobre una pirámide poblacional que se está desequilibrando. Nosotros somos parte de la solución, pero no podemos hacerlo solos: necesitamos recursos y equidad", declaró en su primera intervención pública tras la toma de posesión.
Un sector feminizado, pero con liderazgos masculinos consolidados
La SEF, fundada en 1952, ha sido históricamente un espacio dominado por hombres en puestos de decisión, a pesar de que el 70% de sus socios son mujeres. "Hasta ahora, nadie había roto ese bucle", explica Gil Garrido, quien subraya que su elección no responde a un gesto simbólico, sino a una necesidad: "La medicina reproductiva es una disciplina que atiende a mujeres, y las mujeres deben liderarla". Su campaña interna, marcada por la confrontación con otras dos candidaturas con visiones opuestas sobre el futuro de la sociedad, culminó con un 62% de los votos en las elecciones celebradas en abril de 2024. El resultado, según fuentes internas, refleja un cambio generacional: mientras los candidatos tradicionales apostaban por mantener el statu quo en la relación con la administración, Gil Garrido priorizó la transparencia en los datos de acceso a tratamientos y la presión para homogenizar criterios entre comunidades autónomas.
Los datos respaldan su urgencia. Según el Registro Nacional de Actividad en Reproducción Humana Asistida (2023), España registró 33.000 nacimientos gracias a estas técnicas, el 10% del total. Sin embargo, la distribución geográfica es desigual: mientras en La Rioja —su comunidad de origen— las listas de espera y los plazos entre ciclos están "dentro de lo aceptable" (según su valoración), en regiones como Andalucía o Castilla-La Mancha, los tiempos de espera superan los 6 meses en algunos centros públicos, según informes de la SEF cruzados con datos de las consejerías de sanidad. "No es solo un problema de recursos, es un problema de voluntad política", insiste Gil Garrido, quien ha anunciado que su primer informe como presidenta incluirá un mapa de desigualdades territoriales en el acceso a la fertilidad.
La medicina reproductiva como herramienta contra el "invierno demográfico"
Gil Garrido no elude la pregunta: ¿puede el liderazgo femenino en la SEF cambiar los resultados? "No lo sé, pero sí sé que las mujeres tenemos otra forma de trabajar en equipo: escuchamos más, sintetizamos mejor las ideas y evitamos que las sensibilidades se diluyan en el proceso", responde. Su enfoque difiere del discurso tradicional de la sociedad, que hasta ahora ha priorizado la investigación científica (España es líder en Europa en técnicas como la vitrificación de óvulos) sobre la equidad en el acceso. "La excelencia científica no sirve de nada si no llega a quien la necesita", advierte.
El desafío es doble. Por un lado, la demanda está cambiando: en 2023, el 40% de las usuarias de reproducción asistida en España eran mujeres sin pareja o en parejas homosexuales, según el registro nacional. Por otro, los factores estructurales —vivienda, conciliación laboral y salarios dignos— siguen siendo barreras insalvables para muchas. "A los 25 años, priorizar hijos no está en la agenda de la mayoría, y eso es lícito. Pero para quienes sí quieren ser madres después, tenemos que darles opciones", señala. Su prioridad en los próximos cuatro años será presionar para que el Plan de Natalidad del Gobierno central —aprobado en 2023 con un presupuesto de 1.000 millones de euros— se traduzca en subvenciones directas a tratamientos y no solo en ayudas a familias ya constituidas.
El reto europeo y la batalla por los recursos
La presión no vendrá solo de España. Bruselass ha puesto sobre la mesa la directiva de igualdad en salud reproductiva, que obligará a los Estados miembros a garantizar el acceso universal a estas técnicas para 2027. Gil Garrido ha anunciado que la SEF presentará un informe técnico ante la Comisión Europea en otoño de 2024 para acelerar su aplicación. "No podemos permitir que España quede atrás en este debate. La fertilidad no es un lujo, es un derecho", afirma.
Mientras, en el ámbito nacional, su mayor reto será convencer a las comunidades autónomas de que la reproducción asistida no es un gasto, sino una inversión. Datos del Ministerio de Sanidad revelan que el coste medio por ciclo de fertilización in vitro ronda los 3.500 euros, pero en la sanidad pública el precio se reduce a 800 euros por ciclo (con límites de edad y número de intentos). "La diferencia no se justifica con la ciencia, sino con la política", critica. Su estrategia pasa por publicar anualmente un ranking de transparencia que evalúe no solo los resultados clínicos, sino también los plazos de espera y la equidad en el acceso.
El legado de una generación intermedia
Gil Garrido representa a una generación de ginecólogos que, como ella, combinan experiencia clínica con una visión más política de la medicina. "No somos los viejos guardias, pero tampoco los jóvenes sin bagaje. Somos los que podemos cambiar las cosas", explica. Su llegada a la presidencia coincide con un momento de tensión en el sector: mientras algunas clínicas privadas elevan sus precios (algunos tratamientos superan los 8.000 euros), los hospitales públicos recortan plazas en sus unidades de reproducción.
En su despacho en Madrid, rodeada de gráficos con datos de natalidad y mapas de desigualdad, Gil Garrido repasa los próximos pasos: negociar con las autonomías, impulsar un fondo estatal para reducir listas de espera y preparar la respuesta a la directiva europea. "No vamos a solucionar el invierno demográfico solos, pero podemos ser un eslabón clave", concluye. Mientras, en los pasillos de la SEF, algunos colegas susurran que su presidencia podría ser el primer paso para que, en 2030, la mitad de las sociedades científicas médicas estén lideradas por mujeres. Ella no descarta el escenario, pero su enfoque es más concreto: "Que en 2030, ninguna mujer en España tenga que elegir entre su fertilidad y su comunidad autónoma".
La próxima reunión del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, prevista para julio de 2024, será su primera prueba. Allí, presentará una propuesta para unificar criterios de acceso y evitar que una mujer en Murcia espere el doble que otra en Navarra. "La política no es mi fuerte, pero sé negociar", advierte. Lo que no está en juego es su determinación: "Si algo he aprendido es que los cambios no llegan solos. Hay que exigirlos".