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Washington está reforzando su postura militar en medio de una escalada de tensión con Teherán. Tras la amenaza del presidente Donald Trump de atacar Irán si no se aceptaba un acuerdo para frenar su programa nuclear, el Pentágono ha admitido que aún no cuenta con la capacidad completa para ejecutar una operación de gran escala. La preparación incluye la movilización de destructores con misiles antibalísticos, sistemas de defensa terrestre y submarinos equipados con misiles de crucero Tomahawk, mientras se refuerzan las defensas aéreas en las bases donde están desplegados los soldados estadounidenses.
El presidente Trump, después de reunirse con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu en la Casa Blanca, reiteró en redes sociales que “insistí en que continuaran las negociaciones con Irán” y que mantenía “todas las opciones sobre la mesa”. Sin embargo, altos funcionarios de seguridad nacional advirtieron que el ejército estadounidense todavía necesita tiempo para reconstruir tanto su capacidad ofensiva como defensiva en los países que podrían ser blanco de represalias iraníes.[1]
Capacidades que se están reforzando
En los últimos tres semanas, el Pentágono ha acelerado la instalación de plataformas que combinan poder ofensivo y defensivo:
- Ocho destructores de misiles guiados capaces de interceptar misiles balísticos iraníes.
- Sistemas terrestres de defensa contra misiles balísticos (Patriot y THAAD) desplegados en bases de Qatar, Irak, Baréin, Kuwait y Jordania.
- Submarinos con capacidad para lanzar hasta 154 misiles de crucero Tomahawk contra objetivos estratégicos en Irán.
- Portaaviones USS Abraham Lincoln, acompañado de tres buques equipados con misiles Tomahawk, operando en el Golfo Pérsico, el Mar Rojo y el Mediterráneo oriental.
- Aviones de combate F‑35 y F/A‑18, así como una décima de aviones de ataque F‑15E, ya posicionados en la región.
- Bombarderos de largo alcance B‑2 y aviones de reabastecimiento que mantienen un nivel de alerta superior al habitual.
Motivaciones y declaraciones oficiales
Según la portavoz de la Casa Blanca, Anna Kelly, “el presidente Trump tiene todas las opciones sobre la mesa con respecto a Irán” y que “escucha diversas perspectivas, pero la decisión final se basa en lo que es mejor para nuestro país y la seguridad nacional”.[2] El general retirado Joseph Votel, excomandante del mando central, enfatizó la necesidad de asegurar que “las defensas estadounidenses estén en orden” antes de cualquier acción, anticipando una “inevitable respuesta” iraní.[3]
Contexto y riesgos de represalias
Expertos señalan que la amenaza de Trump, inicialmente presentada como defensa de manifestantes iraníes, ha cambiado a un enfoque centrado en el programa nuclear de Teherán, que el gobierno iraní asegura tiene fines civiles. El analista Vali Nasr de la Universidad Johns Hopkins advirtió que “amenazó con la guerra antes de que el ejército estadounidense estuviera preparado”, lo que habría alertado a Irán y le dio tiempo para fortalecer sus propias amenazas de represalia.[4]
Mientras tanto, la comunidad internacional observa con cautela. La presencia de drones iraníes rastreando el portaaviones Abraham Lincoln y la reciente derriba de uno de esos drones el 3 de febrero subrayan la creciente fricción en el área.[5] Además, la posible reubicación de un submarino balístico del Mediterráneo al Mar Rojo o al Golfo Árabe incrementaría la capacidad de ataque de los EE. UU. En la región.
Lo que sigue
El Pentágono ha elevado el nivel de alerta y continúa evaluando la necesidad de trasladar más sistemas de defensa y apoyo logístico a la zona. Aunque el presidente Trump no ha tomado una decisión definitiva sobre un ataque, la presión diplomática persiste mientras se exploran opciones que van desde ataques a instalaciones nucleares hasta el despliegue de comandos especiales.[6] El próximo paso será la revisión de la postura militar en las próximas reuniones del Consejo de Seguridad Nacional y la posible publicación de nuevas directrices operativas.
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