“Mis hijos lloraban y decían: ‘Mami, ¿alguna vez tendrás energía suficiente para volver a jugar con nosotros?’”, contó Amy Clifton sobre el trastorno del sueño poco común que la llevó incluso a pensar en quitarse la vida.
La afección se produce porque el cerebro carece de orexina, una sustancia química clave que estabiliza el sueño, dejando al cerebro en un estado intermedio entre el sueño y la vigilia. En la escuela primaria, tachaban a Amy de perezosa, y en la adolescencia su pediatra le recetó anticonceptivos al atribuir los cambios de humor y la privación de sueño a las hormonas. Sus angustiosas alucinaciones fueron descartadas como simples terrores nocturnos, lo que la llevó a preguntarse si se estaba volviendo loca. Asimismo, padece cataplejía parcial, un síntoma característico donde las emociones intensas provocan que sus músculos cedan repentinamente.
Diagnósticos Erróneos y Desesperación
Ningún médico lograba identificar la verdadera causa de sus síntomas.
“Los medicamentos que me recetaron para el trastorno bipolar me hacían sentir como un zombi”, comentó Amy. Ante la falta de respuestas y sintiendo que era una carga para su familia, cayó en la desesperación. “Perdió las ganas de vivir”, dijo Peter Clifton, el esposo de Amy. “Tenía que recordarle: ‘No dejes de luchar, sigue adelante’”.
La revelación en la luna de miel
Aunque Peter sabía que ella solía dormir la siesta y tenía pesadillas ocasionales desde que comenzaron a salir en una universidad cristiana de artes liberales en Michigan, la gravedad de los problemas de Amy se reveló durante su luna de miel en las Islas Vírgenes.

“Era nuestra primera noche juntos”, relató Peter. “La habitación estaba vacía. Yo la miraba sonriendo mientras ella se quedaba dormida. De repente, se incorporó y me dio un puñetazo en la cara. Y no fue un golpe suave; me pegó de verdad”. La perspectiva de Amy era distinta debido a una alucinación: “Había un hombre en un rincón de la habitación, algo que siempre me aterra. Intenté pedir ayuda”.