Más de medio siglo ha pasado desde que el comandante de la misión Apollo 17, Gene Cernan, pronunció sus palabras de despedida al abandonar la superficie lunar el 14 de diciembre de 1972: “Nos vamos como vinimos y, si Dios quiere, regresaremos, con paz y esperanza para toda la humanidad”. Desde entonces, la humanidad no ha vuelto a pisar la Luna, y la pregunta que ahora ocupa a científicos, políticos y ciudadanos es ¿por qué los humanos no han vuelto a la Luna en más de 50 años? La respuesta combina decisiones políticas, desafíos técnicos y una nueva arquitectura de cooperación internacional.

El próximo paso oficial de la NASA será la misión Artemis II, programada para lanzarse a finales de 2024 después de varios retrasos. Artemis II realizará un sobrevuelo lunar sin aterrizaje, marcando el primer acercamiento humano a la Luna desde Apollo 17. Sin embargo, el regreso sostenido a la superficie lunar depende de factores que van más allá de la capacidad de los cohetes.

Voluntad política: el motor que impulsa (o detiene) los vuelos tripulados

Según la historiadora de ciencia y tecnología Teasel Muir‑Harmony, curadora de la Colección Apollo del Museo Nacional del Aire y el Espacio, “se necesita mucha voluntad política para enviar humanos a la Luna”. Los programas de gran escala requieren inversiones multimillonarias y un compromiso a largo plazo que a menudo se ve interrumpido por los cambios de administración.

Les Johnson, quien fue tecnólogo jefe de la NASA durante más de tres décadas, recuerda que cada cuatro u ocho años la agencia ve alteradas sus metas de vuelos tripulados. En 1990, el presidente George H. W. Bush ordenó volver a la Luna; tres años después, el presidente Clinton canceló esa directiva y centró los recursos en la Estación Espacial Internacional. En 2001, el presidente George W. Bush lanzó el programa Constellation, que buscaba regresar a la Luna y sobrevivió a dos mandatos presidenciales antes de ser cancelado bajo la administración Obama, que priorizó la exploración de asteroides.

El presidente Donald Trump reactivó el objetivo lunar en 2017, y la actual administración ha reiterado la intención de superar a China en la “nueva carrera espacial”. Sin embargo, los cambios de prioridades siguen siendo la principal razón por la que no se ha ejecutado una misión tripulada de regreso a la Luna en cinco décadas.

Desafíos técnicos y económicos del programa Artemis

El satélite natural de la Tierra está a unos 384 000 km de distancia, y más de la mitad de los intentos de aterrizaje lunar han fracasado. El programa Artemis, que incluye el cohete Space Launch System (SLS) y la nave Orion, ha requerido casi dos décadas de desarrollo y un presupuesto estimado en **más de 50 mil millones de dólares** según el informe de la Oficina del Inspector General de la NASA (2023) [1]. El costo total del programa, incluido el desarrollo de módulos de aterrizaje y la construcción del Gateway lunar, supera los 80 mil millones de dólares según el presupuesto federal de 2024 [2].

Las diferencias tecnológicas entre Apollo y Artemis son sustanciales. La computadora de vuelo de la nave Orion es aproximadamente 20 000 veces más rápida y tiene 128 000 veces más memoria que la computadora de guía del módulo de mando Apollo, que comparaba su capacidad de procesamiento con la de un teléfono inteligente moderno [3]. Además, Orion puede alojar a cuatro astronautas (en lugar de tres) y ofrece un baño privado, mejorando la higiene y la privacidad en misiones de larga duración.

Comparación rápida: Apollo vs. Artemis

Aspecto Apollo (1969‑1972) Artemis (2024‑)
Computadora de guía AGC – 0.043 MHz, 64 KB de memoria Orion‑C – 2.4 GHz, 8 GB de RAM
Tripulación 3 astronautas 4 astronautas (capacidad futura de 6)
Costo total estimado ≈ $25 mil millones (ajustado a 2024) ≈ $80 mil millones
Objetivo principal “Bandera y huellas” Infraestructura lunar sostenible

Cooperación comercial e internacional

El ecosistema espacial ha evolucionado desde los años 60. La NASA ahora actúa como cliente de empresas privadas como SpaceX, Boeing y Blue Origin. Brian Odom, historiador jefe de la NASA, señala que esta colaboración ha acelerado el desarrollo de módulos de aterrizaje y el transporte de carga. SpaceX, por ejemplo, ha anunciado que su visión a medio plazo es construir “una ciudad autogenerada en la Luna” antes de enfocarse en Marte [4].

En el ámbito diplomático, más de 60 naciones han firmado los Acuerdos Artemis, un marco no vinculante que complementa el Tratado del Espacio Ultraterrestre de 1967 y promueve la exploración pacífica y sostenible. Algunos analistas advierten que la posibilidad de minería comercial en la Luna podría entrar en conflicto con los principios del tratado, aunque los acuerdos siguen siendo la base de la cooperación global [5].

Competencia con China y el horizonte a 2030

China ha declarado su intención de lanzar una misión tripulada a la Luna para 2030, aunque aún no forma parte de los Acuerdos Artemis. La competencia entre Estados Unidos y China está impulsando a ambas potencias a acelerar sus planes, pero la naturaleza de la carrera está cambiando: más que una carrera de velocidad, se trata de una carrera de capacidad sostenible y de gestión de riesgos, como lo demuestran los trágicos accidentes de Apollo 1 (1967), Challenger (1986) y Columbia (2003).

Los expertos coinciden en que las lecciones aprendidas de esos desastres han fortalecido la cultura de seguridad en la NASA y en la industria espacial comercial. James W. Head, profesor de la Universidad de Brown y veterano de Apollo, afirma que cualquier regreso a la Luna requerirá una comprensión profunda de los efectos de la habitabilidad espacial en el cuerpo humano, una área que la Estación Espacial Internacional ha estudiado durante más de 25 años.

En resumen, la ausencia de humanos en la Luna durante más de 50 años se debe a una combinación de falta de voluntad política sostenida, enormes costos y retos técnicos, y la necesidad de crear una arquitectura de colaboración internacional y comercial que haga viable una presencia permanente. Artemis II será la primera señal de que la puerta se está reabriendo, pero el verdadero desafío será transformar esa señal en una base lunar operativa.

El próximo hito confirmado será el lanzamiento de Artemis II a finales de 2024, seguido por el aterrizaje planificado de Artemis III alrededor de 2025‑2026. Mientras tanto, la comunidad científica y el público seguirán observando cómo se alinean los intereses gubernamentales, comerciales y de investigación para dar los pasos finales hacia una Luna habitada.

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